martes, 30 de junio de 2009

TENGO UNA CITA (II)





Un artista no es tal sino gracias a un exquisito sentido de lo bello: este sentido le proporciona unos goces embriagadores; mas al propio tiempo entraña un sentido no menos exquisito de toda deformidad y toda desproporción. Por ello, una injusticia o un daño ocasionados a un poeta que verdaderamente lo sea le exasperan en una medida que, para un juicio ordinario, parecería en flagrante desproporción con el hecho cometido. Los poetas no ven nunca la injusticia donde no existe, pero sí a menudo donde no la ve la mirada no poética. Por eso la famosa irritabilidad poética, no está proporcionada al temperamento, entendido en el sentido vulgar, sino a la clarividencia, más que ordinaria, sobre lo falso y lo injusto.

Edgar A. Poe

miércoles, 24 de junio de 2009

TOSCANA













Muro en el que se estrellan mis explicaciones,
mis disculpas
y este deseo animal de asesinar sin piedad ni preguntas.
Círculo donde mi libertad se muerde la cola rabiosamente,
estanque de agua turbia donde se empapa la pólvora
de mis ensoñaciones.

Herbívoro en el desierto
sin tus besos de pasto fresco.


Vengo de Nunca jamás
y me encamino hacia el Me apetece a veces.


De 'Menos Tú' (El Gaviero Ediciones)




martes, 16 de junio de 2009

VIOLENCIA DE GÉNERO





Acusado de violencia de género
el melocotón que agredió a su frutero.

Inédito


lunes, 8 de junio de 2009

ARROGANCIA NECESARIA







CLÁSICO IMPRESCINDIBLE

‘¡A por ellos...! Que son pocos y cobardes’ (Directo) (1989) Loquillo y Trogloditas


La semblanza artística de Loquillo es una de las más controvertidas y sorprendentes del universo de la canción. Es un tipo carente de cualquier técnica entonatoria y con una voz semejante al graznido de un pájaro loco con tupé; además, no toca absolutamente ningún instrumento y su participación en los temas se reduce –como mucho- al esbozo de algo parecido a un guión para el posterior trabajo de sus letristas habituales. Y sin embargo, misterio insondable, estamos ante una auténtica estrella. Un personaje necesario sin el que no podríamos entender los últimos treinta años de música popular. Una Leyenda Urbana, como reza el título de un documental, de reciente estreno, sobre su figura.
¿Dónde reside, pues, la clave de esa celebridad? Yo apuntaría tres aspectos fundamentales: por un lado, un físico arrollador e intimidante que se multiplica hasta el infinito encima de un escenario, una confianza y seguridad plena en sus posibilidades (con frecuencia llevadas al extremo de una petulancia impostada: “Qué difícil es ser humilde cuando uno es tan grande”) y por último, y a mi juicio lo más importante, un sexto sentido para saber rodearse en cada etapa de su carrera del talento oportuno presto a ser vampirizado: Sabino Méndez, Carlos Segarra, Gabriel Sopeña, Jaime Stinus, Igor Pascual...
Has tenido suerte de llegarme a conocer creo que a nadie le gusta el nacer para perder abrirás una revista y me encontrarás a mí debo ser algo payaso pero eso me hace feliz. Uhu, uhu, uhu, nena, voy a ser una r’n’r star.”
¡Y diablos si lo consiguió! A finales de la década de los ochenta José María Sanz Beltrán y su banda copaban las portadas de buena parte del revistero musical hispano. Desconozco si sus interlocutores eran cobardes. Desde luego, pocos, seguro que no; ya que su glorioso disco en directo vendió más de 300.000 copias, consiguió números uno en todas las radio fórmulas (por aquel entonces un disco de rock podía sonar incluso en los 40 criminales) y posibilitó giras agotadoras por interminables. De hecho, me atrevo a decir que estamos ante el álbum de mayor éxito en la historia de nuestro rock’n’roll (en el sentido más ortodoxo del término). No había garito, fiesta o reunión de comunidad de vecinos donde no sonaran hasta el delirio ‘Quiero un camión’, ‘Ritmo de garaje’, ‘Piratas’, ‘Chanel, cocaína y don perignon’ o ‘Esto no es Hawaii’. Tuvieron tanto éxito que, en palabras del Loco, casi mueren aplastados por él, enarbolando la manida bandera del sexo, drogas y rocanrretera.
Corre más que los demás y una corona de flores te obsequiarán.”
Grabado el 15 de diciembre de 1988 en la desahuciada sala Zeleste de Barcelona supuso el reencuentro (un tanto forzado) con Sabino, autor de la mayoría de las canciones del grupo y que meses antes abandonara la formación por desavenencias con el ego de casi dos metros de altura de su cantante. Decisión que se tornaría firme concluida la grabación de este trabajo.
Como curiosidad, su reconciliación definitiva (al menos hasta el momento) llegaría casi veinte años después con la colaboración en un nuevo disco en directo, ‘Hermanos de sangre’, que cerraba la trayectoria de ‘Trogloditas’ para dar inicio a la de Loquillo en solitario.
Pero ésa es otra historia, la que nos ocupa trascurre en los años postransición, posmovida, posposmodernidad (de botijo y montera, claro está) y el pos que ustedes quieran añadir... Años en los que un gran número de adolescentes tenía la mirada puesta en L.A., James Dean, Elvis, la estricta legalidad rocker y los héroes cincuentones de tupé, guitarra y brillantina.
“No hables de futuro, es una ilusión cuando el rocanrol conquistó mi corazón.”
Años en los que todavía los niños bien soñaban con ganarse una mala reputación durmiendo en Cadillacs solitarios, junto al rompeolas, escapando de la policía y de sus problemas con las mujeres por la autopista dirección a las calles de Madrid o a Barcelona ciudad, con la brisa de abril en la cara, un rock suave en la radio y besos robados en la guantera…
Por cierto, a quien pudiera interesarle:
Se cambiaría coche tuneado por Harley. Los tiempos están cambiando. Stop.

Diamanda Cult
(Publicado en 'Vivir Almería', Diario Ideal. Enero 2009)










lunes, 1 de junio de 2009

TENGO UNA CITA





De ti, de tu egoísmo, de la enorme pobreza de tus ideales ¿Es que no comprendes que me ofreces una vida deprimente? No sabes hablar nada más que de cocina y de ir a la cama. Quien acepte vivir de ese modo -¿comprendes?- es un hombre acabado. Ése es el gusano. Yo ya no soporto tu amor agresivo, viscoso, maternal. No lo quiero. No me sirve. Esto no es amor, es basura.
Federico Fellini, La dolce vita