jueves, 14 de junio de 2012

ACERCA DE ESCRITOS DE LÁPIZ DE LABIOS: JOSÉ LUIS MORENO-RUIZ




Vean, esto no es una mariconada lírica:

"Me cagaré en la bandera,
el himno y la frontera
mientras exista un solo desheredado
dispuesto a limpiarme el culo".

Una preciosa declaración de principios. Es un poema de Germán Guirado, de su libro "Escritos de lápiz de labios" (Ediciones Vitruvio; Madrid, 2012).
Quizá tampoco lo quieran creer ustedes, pero, por una vez, y aunque no se trate de una mujer bella, sino de un libro convencionalmente editado (lo que quiere decir bien editado), aquí hay poesía de verdad, sintiente, doliente y gozante y rozagante: ni una sola chuminada lírica a lo largo de las páginas. Ni una. Y para demostrar que no miento, véase:

"Siempre me ha fascinado
la figura de las antiguas plañideras.
Hay días en los que yo hubiera sido
un magnífico profesional".

Y, claro, Germán Guirado, como buen poeta, no podía dejar de presagiar y presagiarnos:

"Una jauría de perros rabiosos olfateará tu rastro.
La aridez abrazará tus sueños más húmedos.
El miedo ofrecerá su tarjeta de visita.

El amor te sonreirá.
La vida te sacará los ojos.
La muerte te los meterá por culo".

Y por si quedaba alguna duda acerca del existencialismo cómico del autor (la comicidad es la única manera, a mi modo de ver, en que el existencialismo pueda ser algo más que un teatrito de variedades para mariconcetes y putillas de las artes y las letras), véase este poema titulado "La metamorfosis":

"Siempre supiste que el amor
tan sólo era una mierda
y hoy despiertas
convertida en mosca".

No me digan, por lo demás, que no se trata de auténtico realismo, y no necesariamente realismo sucio.
El poemario, leído de un tirón, tiene un ritmo vertiginoso, de alternancia de poemas largos como baladas y poemas cortos como apotegmas. Y, cual los días mismos, alterna igualmente ascos y golosuras, que eso es el pasar de las jornadas. No en vano hay tiempo para todo:

"Tu coño sobrevuela
entre turbulencias
el cielo de mi boca".

Valga este levísimo apunte, no sólo para que recomiende yo el poemario de Germán Guirado, que nadie tiene por qué hacerme caso, sino, pues me da la real gana, para celebrar su aparición y regocijarme con su lectura: tanto en lo que me ha hecho disfrutar como en lo que me ha hecho sufrir (esto último, desmenuzando el poeta, de manera implacable, lo siniestro).
Por fortuna, en mi opinión (in my opinion), Germán Guirado tiene poco que ver con un poeta. Seguro que por eso tiene versos incontestables.


José Luis Moreno-Ruiz, periodista y escritor

viernes, 8 de junio de 2012

EL DÍA QUE RAY BRADBURY MORÍA Y MANOLO PRECIADO EMPEZABA A ENCONTRARSE MAL

Las dos primeras fotos realizadas por Martyn Thompson






Aquí me hallo, un peón, como la mayoría, que vive en primera persona, y desde la vanguardia de la batalla, las dificultades de una profesión ingrata, como la del poeta, que da sin recibir apenas nada, salvo cruentos atropellos. Son malos tiempos para la lírica y para la enseñanza, acuciadas ambas por golpes bajos que malogran nuestra entrega y minan el entusiasmo. Pero hasta en lo más cruento de la lucha, cuando uno se pregunta si merece la pena continuar, levanta la vista y observa, desde un rincón del madrileño parque del Buen Retiro, en plena efervescencia librera, o en una sala de una biblioteca pública donde un poeta acostumbrado a cobrar poco por un desnudo integral de alma presenta al mundo su obra, que aún hay personas que aman la literatura, que se remueven ante la sublimidad de un verso, de una metáfora, de una aliteración (mi recurso favorito), y comprende que siempre hay un premio.


Cuando Germán me pidió que presentara su libro, Escritos de lápiz de labios, me sentí encantada y aterrada casi a partes iguales (hoy pesa más la segunda… Pero espero que se me pase…) En su momento, ya digo, intuía que lo iba a pasar mal, pero sin duda, estaba más encantada que otra cosa. Es normal, no todos los días tengo la oportunidad de leer en primicia y presentar un libro; pero es que además, el poeta, en este caso, es mi amigo, y ello supone otra vuelta de tuerca al concepto de orgullo… Y yo me siento orgullosa de contar entre mis amigos a Germán.

Así que Germán es mi amigo, y además, es un poeta, con todo lo que ello implica: El amigo (y su señora esposa, mi Ruthie querida) me alimenta literal, que no literariamente, con esas cenas maravillosas e ibéricas, en las que compartimos conversaciones menos castizas pero no por ello poco jugosas; y siempre al amor de un buen vino… De modo que sí, aquí mi amigo, a veces también maltrata un poco mi hígado… Se trata de un daño colateral… El poeta, en cambio, alimenta mi alma. Y es que la poesía es una necesidad del alma: el que la escribe ha de echarla afuera, mostrarla al mundo, compartirla para que el peso sea más liviano y, sobre todo, para que los hambrientos de poesía podamos sobrevivir…

Este libro, ¡que he leído, ojo! A pesar del mes de junio, de los recortes y de la vida; este libro, digo, ofrece las especialidades de la casa: A saber, cotidianidad, reflexión, humor, amor, ironía… Ironía… La guarnición perfecta para el bocado amargo de la realidad, que cada vez es más difícil de tragar y, sobre todo, de digerir; y que Germán, cual Arguiñano que disfraza de huevo frito con patatas la más alta cocina, maestro de lo cotidiano, nos muestra a través del amable tamiz de la ironía.

Y es que el poeta, sin ser de este mundo, lo habita; y el mundo, a su vez, ingrato casero, le pasa factura: hipoteca, euribor, político, destino en negro… Son conceptos nuevos que inundan estos Escritos de lápiz de labios, (¡Y qué remedio!) y que se abren camino entre epitafios en lápidas de cementerios confundidos, sangre roja como la tarde, lúbricos deseos… Baudelaire, Bukowski… Y en medio de todo, un tierno poema de arte menor (de edad), con o sin coletas, que comparte un sándwich con el poeta-papá o que sale a recibirlo a la vuelta de la primera página…

Así pues, desde su Limbo cercano de poeta neomaldito sin ganas de serlo, Germán nos descubre lo importante de la vida: Salud, para vivirla; dinero, para paliarla; amor, para compartirla… Y, por encima de todo, pasión, para afrontarla.

Ya casi vuelvo a estar más encantada que aterrada de estar aquí… Será que estoy pensando en el condumio de más tarde… Por eso, y por esto, mi estómago, y mi alma, te dan las gracias, Germán. Ojalá nunca nos falten un par de versos que llevarnos a la boca…

De modo que, continuando con el símil culinario, no me queda más que desearles buen provecho y mejor futuro.


María del Mar Arenas


ENTREVISTA CANDIL RADIO


martes, 22 de mayo de 2012

FELICIDAD

Cristo poste-telefónico (foto anónima)



SALUD




En la pared semiderruida
de un cobertizo escolar
en las afueras de Asosa,
ciudad etíope
próxima a la frontera
con Sudán,
Gabiro, un anciano maestro
de cuarenta y siete años,
deletrea, muy despacio,
el grafiti
felicidad.








DINERO




Emergido del suelo
de la pescadería
más antigua de Marka,
población en línea costera
con la capital somalí,
el pequeño Hola descubre
el vocablo
felicidad
y resuelve iniciar
una nueva colección
de voces exóticas.








AMOR




La indiscreta Rutana
busca en el desvencijado
diccionario
sustraído
de una biblioteca
de Asmara, Eritrea,
el término
felicidad,
no sin antes
consultarlo
con su profano abuelo.


De 'Escritos de lápiz de labios' (Ediciones Vitruvio)









miércoles, 16 de mayo de 2012

CASA DE CITAS (III)






-¿Qué hay? –preguntó el doctor.

-Un indio con una criatura. Dice que le ha picado un escorpión.


El doctor bajó la taza con cuidado antes de dejar su ira en libertad.


-¿No tengo nada que hacer más que curar mordeduras de insectos a los indios? Soy un doctor, no un veterinario.


-Sí, patrón –dijo el criado.


-¿Tiene dinero? –preguntó el doctor-. No, nunca tienen dinero. Yo, sólo yo en el mundo tengo que trabajar por nada, y estoy harto ya. ¡Ve a ver si tiene dinero!


El criado abrió la verja un poquito y miró a los que esperaban. Esta vez habló en el antiguo idioma.


-¿Tenéis dinero para pagar el tratamiento?


Kino hurgó en algún escondite secreto debajo de su manta y sacó un papel muy doblado.


Pliegue a pliegue fue desdoblándolo, hasta que por fin aparecieron ocho perlas deformes, feas y grisáceas como úlceras, aplastadas y casi sin valor. El criado cogió el papel y volvió a cerrar la puerta, pero esta vez no tardó en reaparecer. Abrió la verja el espacio suficiente para devolver el papel.


-El doctor ha salido –explicó- lo han llamado desde un caserío. –Y cerró apresuradamente.


Una ola de vergüenza recorrió todo el grupo. Se separaron. Los mendigos volvieron a los escalones de la iglesia, los curiosos huyeron, los vecinos se apartaron para no ver la vergüenza de Kino.


Durante largo rato Kino permaneció frente a la verja con Juana a su lado. Lentamente devolvió a su cabeza el sombrero de peticionario . Y entonces, impulsivo, golpeó la verja con el puño. Bajó la mirada y contempló casi con asombro sus nudillos despellejados y la sangre que corría por entre sus dedos.


John Steinbeck, La perla

 

jueves, 10 de mayo de 2012

ESCRITOS DE LÁPIZ DE LABIOS (EDICIONES VITRUVIO)





Se ha hecho esperar pero ya descansa en mis brazos. Su nombre, Escritos de lápiz de labios. Mide 13 x 0.70 x 21 cm. y ha pesado 152 g. Todo negrito, aunque, no creáis, tiene mucho de su padre.




En las tardes de pesca los viejos marineros
cosen redes de hímenes con la aguja gastada
de la lengua del pensamiento.








Puntos de acogida:


Casa del libro
Librerías Picasso Almería (a partir del 21 de mayo)
edicionesvitruvio.com
Resto de librerías, previo encargo.








lunes, 30 de abril de 2012

CASA DE CITAS (II)




z Foto realizada por J. J. García Rodríguez




Manchester, 1, 11, 1964




Esta noche ha entrado en mi cuarto una chica de buena familia. Cabellos lacios, mirada narcótica, minifalda blanca, braguitas mínimas y perfumadas. Una pija integral, como a mí me gustan las nenas. Al principio he creído hallarme con ella en el cielo, sorbiendo todo el deseo que la chica sentía hacia mí, notando todo su poder en mí y eyaculando en sus entrañas como si me corriera en la Vía Láctea, pero de pronto un viento solar ha soplado en mi cabeza y me han venido recuerdos de la adolescencia. Yo iba caminado por el césped hacia el colegio y oía que decían tras de mí: Ahí viene el subnormal de Brian, ahí viene el gafotas de Brian, ahí viene el deprimente Brian…Ella misma, la chica que ahora me sonreía y apretaba más sus braguitas mientras elevaba el monte de Venus como una niña de Balthus, ella misma podía haber sido uno de aquellos o aquellas que recitaban tan siniestras letanías cuando me veían pasar con mis gafas de cegato y mi cartera de cuero. Ella misma podía haber sido una o uno de aquellos viles, pensé, y empecé a mirarla de otra manera.
-¿Qué te pasa? –preguntó, algo asustada.

-¡Sal inmediatamente de mi cama! –grité fuera de mí-.

¡Sois todos unos miserables!

Al fin solo he estado leyendo a Novalis. Qué descanso su noche llena de voces húmedas. Qué descanso su dulzura.





Jesús Ferrero, El Hijo de Brian Jones