lunes, 25 de mayo de 2009

EN TUS OJOS NAUFRAGIOS






En tus ojos naufragios
y en tus manos cimientos
de edificios derribados.
Nunca cabalgará tu sangre por mis venas
ni abrigaré con mi lengua
trozos de tu cuerpo inventado.

Poema publicado en
'Cuaderno de Nueva Literatura Almería'
(Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía)


lunes, 18 de mayo de 2009

ÉIRE


















He visto en las noticias el hundimiento
de un barco
en mitad de la noche
con su bodega repleta de mis heridas.

En mitad de la noche
he respirado abrazos de un mediterráneo
en el siglo del recuerdo.

Alguien que se acerca y me grita: -la música
araña
amaneceres en camisón de odio.
Yo le abraso un no,
que es el crepitar de todos mis besos marcados
en tu flujo como gasolina.
Y vuelvo a la placenta del olvido,
para dar a luz
en mitad de la noche
al viejo cachorro
transmutado en máquina escupeperras.

Poema publicado en el libro de fotografías 'Secuencias 2'
de Pilar Quirosa Cheyrouze




lunes, 11 de mayo de 2009

LIBRO COÑO





CLÁSICO IMPRESCINDIBLE

‘La máquina de follar’ (1972) Charles Bukowski



“Le alcé el vestido, besándola y acariciándola. Era un montón de mujer carne. Le bajé las bragas. Luego como en los viejos tiempos, me encontré dentro. Le di ocho o diez buenos meneos, tranquilamente. Luego, ella dijo:
-No creerás que me he acostado con un sucio japonés, ¿verdad?
-Creo que joderías con un sucio cualquier cosa.”

Infame, dipsómano, jugador compulsivo, acomplejado, fanfarrón, misógino, solitario, indeseable, escéptico, depresivo... y, en consecuencia, escritor. Un escritor que supo travestir, como pocos, sus demonios personales en bendita ciénaga literaria.
Un buen ejemplo de ello es esta acertada colección de relatos impregnados de su habitual estilo ‘autobiograficticio’. Con un lenguaje inmediato, a salvo de artilugios innecesarios, este germano de origen y –convencido- angelino de adopción radiografía los bajos fondos de la ciudad californiana -retórico cristal, reflejo mugriento de la condición humana-.
Con obras como la que nos ocupa, y en mitad de tanta petulancia coetánea, Charles Bukowski, con una formación cultural muy por debajo de la media de su oficio, se erigió en cronista de placeres físicos e infiernos mentales. Nunca llegó a ser un intelectual ni falta que le hizo para sembrar, empero, sus historias, aparentemente frívolas, de lúcidas semillas existenciales:
“pedirles que legalicen la yerba es como pedirles que pongan un poco de mantequilla en las esposas antes de ponérnoslas, otra cosa es lo que te hace daño...por eso necesitas yerba, o whisky, o látigos y trajes de goma, o música aullante tan jodidamente alta que no puedas pensar. o manicomios, o coños mecánicos o ciento sesenta y dos partidos de béisbol por temporada. o Vietnam o Israel o el miedo a las arañas.”

Su carácter contracultural le llevó con frecuencia a ser comparado con la Generación Beat (Kerouac, Ginsberg, Burroughs o Cassady) de la que renegaba de forma vehemente en una mezcla de desprecio, inseguridad y decepción:
él quería hombres inmensos, duros y criminales, uno noventa, ciento veinte kilos, que escriben poesía inmortal. pero por desgracia los fortachones eran todos subnormales y eran los mariquitas elegantes de pulidas uñas los que escribían los poemas de los tipos duros.”

Las páginas de ‘La máquina de follar’ apestan a letra impresa en alcohol y al desesperado abordaje de una máquina de escribir a la deriva, a trabajos mal pagados y habitaciones infames de escasa ventilación, a insomnes carreras de caballos pura sangre y a carreras en las medias de piernas sangrantes de sexualidad, a mala salud y a saludable literatura que no precisa de prebendas analgésicas:
“tiró el libro en un rincón, sabiendo que no sería bueno. todas las ayudas iban a los ya sobrados de ellas que tenían el tiempo necesario y sabían muy bien dónde conseguir un impreso para solicitar las jodidas becas. él nunca había visto una. no la ves si andas al volante de un taxi o de mozo de hotel en Alburquerque. joder.”

No apto para escrupulosos ante exudadas carnes procedentes del lomo de un libro crudo –que no poco hecho-. El resto: pasen, acomódense para una copiosa ración horneada en la máquina de follar, y lean...

Diamanda Cult
(Publicado en Vivir Almería, Diario Ideal. Febrero 2009)



martes, 5 de mayo de 2009

LADRADA DEL AFILADOR DEL POEMAS

El madrileño, afincado desde hace un lustro en Almería, Javier Corcobado es fundamentalmente conocido por su dilatada carrera musical. No obstante, la poesía ha estado siempre presente en ésta como un elemento imprescindible. En este sentido, a lo largo de 25 años, como el artista inquieto que es, ha emprendido numerosos proyectos en los que ha sabido conjugar tres ingredientes, a mi juicio, básicos en toda su obra: tradición, innovación y riesgo, demostrando además en todos ellos que la canción y la literatura, en este caso, no andan demasiado lejos.
Tanto en solitario como en grupos de la talla de ‘Mar otra vez’, ‘Demonios Tus ojos’, ‘Corcobado y los chatarreros de sangre y cielo’, o ‘Corcobado y cría cuervos’, tienen cabida desde el ruido, el blues, el rock o la electrónica hasta el bolero, el tango, la bossa nova, la copla, o la canción francesa; pero cada uno de estos estilos aparece tamizado por un sello propio fácilmente reconocible.
Obras como ‘Demonios tus ojos’, ‘Tormenta de tormento’, ‘Arco iris de lágrimas’, ‘Diminuto Cielo’ o ‘Fotografiando al corazón’, por citar algunos, son discos que ya forman parte de la historia de la música pop española y constituyen una vehemente influencia para sucesivas generaciones rockeras y literarias tanto en España como en México.
Como escritor ‘a secas’, por decirlo de alguna manera, ha publicado, además de este ‘Yo quisiera ser un perro’, los poemarios ‘Chatarra de sangre y cielo’ y ‘El sudor de la pistola 13’, ambos descatalogados durante una larga temporada para desesperación de sus seguidores hasta ser por fin rescatados para estas obras completas.
Asimismo, cuenta con una novela publicada, ‘El amor no está en el tiempo’, que fue no hace mucho traducida y editada en Italia.
En la actualidad se encuentra inmerso en el proceso de composición de su siguiente disco, intentando compaginarlo con la preparación de su segunda novela, con la gira de presentación de un disco recopilatorio ‘Canciones Insolubles’ y con el espectáculo teatral ‘Agrio beso’ que ha montado junto a Juan Navarro, excomponente de La Fura dels Baus; amén de contar con numerosos poemas inéditos pendientes de futuras publicaciones.
Pero con independencia de sus distintas facetas artísticas, para mí Javier es por encima de todo: poeta. Lo que ocurre es que estamos ante un poeta con un caudal lírico de dimensiones tales que desborda de forma incontenible los márgenes del folio, anegando otras vías de expresión artísticas como necesidad vital. Porque para él la poesía es la única forma de entender la vida o, mejor dicho, la poesía y la vida es la misma cosa.
No se puede ser poeta de 4:00 a 7:00, como el que tiene un horario de oficina. Se es poeta como se es persona o, mejor, como se es perro. Y por este motivo, ‘Yo quisiera ser un perro’ no es un libro recomendable para amantes de una poesía complaciente, aquella que suelen escribir los empleados vates a tiempo parcial. En él encontrarán a lo largo de los cinco libros que lo componen (los dos citados con anterioridad más tres inéditos) a un autor que conserva su esencia pero que ha ido evolucionando y reinventándose desde una poesía eminentemente premeditada, alevosa y críptica hasta otra más intuitiva y de verso más sencillo (que no fácil) en la que se vislumbra una etapa de mayor serenidad.
Ya desde el título de la obra hay una advertencia de misantropía, entendiendo misantropía como rechazo a la humanidad, que no al hombre como individuo. Es el descreimiento de un creador como él ante el género humano que se manifiesta a diario con fundamentos destructores. Un género humano preocupado, por ejemplo, por la crisis económica y ajeno por completo a la galopante crisis de valores, consecuencia, además, aquella de ésta.

Javier escribe:

“Exiliado del daño y del dolor, /aquí estamos, en el continente americano, / musicando, pintando y escribiendo / nuestra historia de amor mexicana / mientras el mundo se despedaza / con guerras de petróleo y dinero”

Hace unos días leí en algún sitio que Corcobado es el poeta de la desolación; yo diría más bien que en su obra la desolación se redime a través de la poesía, es decir, a través de la belleza.
En este libro cohabitan naufragios de sirenas, vestidos de novias ensangrentados, amantes de lunas moribundas, corazones de repuesto, miedos de ginebra, drogas heladas para vagabundos visionarios, suicidios de travestís, crímenes febriles e inquietantes sombras de duda e incertidumbre; pero también brillan la esperanza y el amor. El amor
sobrevenido, el amor familiar que incluye a sus perros y el amor al mar, al coño del mar.
Además, encontramos auténticas declaraciones de intención:

“Yo no quiero ser nada, excepto / ser vivido por la vida como una aventura”

Y en otro poema:

”Los perros devoraban el domingo / a un gato descuartizado, / arropados por la neblina / y la serenidad del pueblo. / No dejes que me convierta / en un gato descuartizado enfermo de dinero, / y muerto.”

Uno de los editores que tuvo Bukowski a lo largo de su vida literaria le dijo en cierta ocasión a éste, textualmente, que le parecía “un cabrón que le había jodido la poesía”, ya que desde que encontró la suya no podía leer ninguna más. Pues algo parecido me ocurre a mí con Javier y justo es ése el riesgo que se corre al acercarse a su magnética y afilada obra. (Están avisados.)
En este sentido, una vez concluida mi lectura de ‘Yo quisiera ser un perro’, lo primero que pensé es que si yo de verdad fuera un perro, sin lugar a dudas, correría, por si acaso, a enterrar y poner a salvo este libro como uno de mis huesos más preciados.


Presentación de 'Yo quisiera ser un perro'
(El Gaviero Ediciones) Javier Corcobado

Lugar:
Centro Andaluz de la Fotografía-Almería (15/04/08)

Publicada en el nº. 97 de la revista Luke (Junio 08)



martes, 21 de abril de 2009

NEW BRUNSWICK


















Y la noche con todos sus monstruos entraba entonces
en danza entre miles y miles de berridos de sapos.

Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche.




No me asusta tu compañía,
más de una noche compartí mi jergón
con bestias en la enorme selva.
No me asusta la escasez de besos,
durante toda una eternidad
bebí lluvia con posos del desierto,
riqueza turbia de ríos mineros.
Dormí en chozas. Crecí desnutrido.
En mí habitaron fiebres, parásitos, soledad
y una incurable adicción a tragos
de un repugnante jarabe contra la tos.
-La tos como única compañera inseparable
cuando al amanecer las bestias desaparecen
hasta el siguiente crepúsculo-.
Conocí psiquiátricos repletos de gente
con miedo a morir, pensiones semiderruidas
con doncellas ensangrentadas en abortos fallidos,
niños envueltos en un final sonriente.
Nada puede ya inquietarme,
me digo;
acaso encontrar una salida
a este laberinto que se mece cada noche
en mi obstinada conciencia torpemente redentora.

De 'Menos Tú' (El Gaviero Ediciones)











martes, 7 de abril de 2009

REVOLUCIÓN SADE





CLÁSICO IMPRESCINDIBLE


‘La filosofía en el tocador’ (1795) Marqués de Sade


“-SRA. DE SAINT-ANGE: ...en qué estado debe encontrarse, para complemento de los placeres del agente, el culo del paciente.
-DOMALCÉ: lleno, por supuesto; es esencial que el objeto que sirve tenga entonces las mayores ganas de cagar, a fin de que la punta de la polla del jodedor, al alcanzar el mojón, se hunda en él y deposite cálida y blandamente la leche que lo irrita y lo enardece”.

Una joven virgen de notoria familia es iniciada en la ilustre cátedra de los placeres carnales por unos aplicados instructores que, de paso, no dudan en intercambiar deleitosas experiencias. Sexo, imaginación y perversidad como cartas credenciales para que ‘El Divino Marqués’ despliegue su doctrina y pensamiento en el campo de la moral, la religión o la política. Librepensamiento que encuentra su causa y su fin en las fuerzas de la naturaleza; contra la que es inútil -además de estúpido- luchar. El hombre sólo responderá de sus actos ante ésta puesto que es sólo ésta, verdugo y redentora, quien le proporciona las armas para conquistar la supervivencia. Y esas armas no serán otras que la libertad absoluta y el hedonismo voraz: “...convenceos de que sólo ampliando la esfera de sus gustos y de sus fantasías y sacrificando todo a la voluptuosidad es como el desgraciado individuo conocido bajo el nombre de hombre y arrojado a pesar suyo sobre este triste universo, puede lograr sembrar algunas rosas en las espinas de la vida”.

La moral sólo será una excusa inmovilista. Los poderosos –monarquía y clero-controlan mediante códigos deontológicos allí donde las leyes no alcanzan. Códigos, claro está, que ellos mismos desprecian en la esfera privada de sus sórdidas vidas; mientras siguen legislando para que el rico siga siendo cada vez más rico – a salvo de los inconvenientes del pueblo amoral- y la autoridad siga asesinando de forma democrática mediante guerras justificadas en aras del orden y el bien común –¿les suena de algo?-. En este sentido, Sade se pregunta, a lo largo del panfleto político republicano que incluye esta obra, cómo alguien puede ser acusado de asesinato cuando seguramente sus motivos sean más disculpables o, incluso, ineludibles al ser dictados por la naturaleza. Por el mismo motivo muestra la religión como una vil aliada del poder y alienadora sistemática de la razón: “Reemplazad las tonterías deíficas, con que fatigáis los jóvenes órganos de vuestros hijos, por excelentes principios sociales; que en lugar de aprender a recitar fútiles plegarias que tendrán a gloria olvidar cuando tengan dieciséis años, sean instruidos en sus deberes para con la sociedad; enseñadles a amar las virtudes de que apenas le hablabais antaño y que, sin vuestras fábulas religiosas, bastan para su felicidad individual; hacedles sentir que esa felicidad consiste en hacer a los demás tan afortunados como nosotros mismos deseamos serlo”.

Estructurada a modo de diálogos teatrales,‘La filosofía en el tocador’ fue prohibida –no podía ser de otra forma- hasta bien entrado el siglo XX, suerte que correría buena parte del resto de su creación. Demasiados/as frentes/verdades abiertos/as como para sobrevivir a la censura. Donatien Aphonse François de Sade, paradójicamente de sangre borbónica por parte materna, pagó su atrevimiento con numerosos años en prisión, por otra parte los más productivos literariamente, y dio origen al término sadismo. No pudieron -o mejor no quisieron- entender que los hechos reprochables y crueles narrados en sus libros no provenían de su imaginación: estaban/están en la vida; y desde la vida, como denuncia, consiguió inmortalizarlos.

Diamanda Cult
(Publicado en Vivir Almería, Diario Ideal. Mes de Diciembre 2008)




martes, 31 de marzo de 2009

ISTANBUL



En esta noche despejada del Gálata
todos los astros se alían contra mi incertidumbre.
La oscuridad reduce de forma considerable
el alcance de nuestra esclavitud
cuando vagamos sin rumbo fijo
como restos de basura arrojados al agua
por pescadores sin suerte
de vuelta a casa
con las manos en los bolsillos
y el anzuelo
aguijón del pensamiento.

(De 'Infierno nuestro que estás en el cielo', Banderín del Zaguán nº. 42)