Subir a ratitos al olimpo para saludar, tiene su precio, porque arriba siempre hay nieve y molestan mucho los codazos. Por eso, muchos no aguantamos la tiritera y dejamos enseguida sitio libre, para que los dioses disfruten del confort que se merecen.
Además de que soy bastante bruto e inconveniente, para que se me pueda soportar allá arriba, entre tanto artista vinagroso y estreñido.
Siempre desafiantes a los vientos variables. Tendidas eternamente al sol. Banderas. Curiosas prendas que jamás terminan de secarse. Quizá demasiada sangre, tal vez un exceso de lágrimas humedeciendo gota a gota la inmunda coladura de la historia.
Germán Guirado se descuelga con un poemario extraordinario, Escritos de lápiz de
labios, Ediciones Vitruvio en el cual, también tras una portada anodina y austera que no
refleja los pequeños tesoros que guarda en la tripa. Un poemario que empieza
con sencillez y poco a poco va cogiendo un ritmo acompasado de letras
desgarradoras como balas certeras. Huye de adornos y se basa en la idea, con
poemas muchas veces tan cortos que parecen aforismos y los cuales son, a mi
juicio, lo mejor sin duda del libro, que si bien es cierto tiene algún bajón en
algunos poemas, dos o tres, no más, guarda una linea de intensidad y calidad
notable alto. Una muestra, botón de ternura y sencillez que contrasta con
poemas mucho más duros, soeces o con tintes de humor que riegan el
libro: Esta tarde
al abrir mi
casa por la primera página encontré un poema corto
con
coletas que me llamó papá.
Un
libro que en ocasiones desgarra y deja posos de buena poesía, un placer leerlo.